Cuarta victoria consecutiva del equipo maño tras una gran segunda mitad, sobre todo el tercer cuarto, que ganó con un parcial de 28-14.

Un renacido Casademont Zaragoza sigue creciendo de la mano de su nuevo entrenador, Luis Casimiro, tras sumar su cuarta victoria consecutiva al derrotar al MoraBanc Andorra tras una gran segunda mitad. El conjunto aragonés ha pasado de ser míster Hyde a doctor Jekyll desde la llegada del técnico manchego con el que ha recuperado la esencia ganadora después de venir de encadenar seis derrotas consecutivas. En un visto y no visto el Casademont Zaragoza está recordando al equipo dinámico, atractivo, aguerrido en defensa, aunque en este caso solo en la segunda parte, y anotador que la pasada campaña acabó tercero en la Liga regular gracias a la experiencia de Casimiro.

Ya desde el comienzo del enfrentamiento el ritmo de anotación fue muy alto, con ambos conjuntos más acertados en ataque que en defensa pero siempre con los visitantes por delante en el marcador. El conjunto maño no era capaz de correr y en ataque posicional tenía bastante más problemas que su rival para anotar que lo hacía con bastante más facilidad. Aún así los puntos de Nico Brussino, con 12 en este periodo, evitaron que los hombres de Ibón Navarro abrieran una brecha importante porque la ventaja foránea se mantenía en torno a los seis puntos. Los hombres de Luis Casimiro fueron capaces de volver a ponerse por delante (35-34) en el minuto 14 gracias a su acierto en el triple pero el MoraBanc, con un parcial de 2-12 en apenas dos minutos basado en una buena defensa que provocó errores de los “rojillos” en ataque, disparó la ventaja hasta los 9 puntos (37-46) para llegar al intermedio con la mayor ventaja de los del Principado hasta ese momento, diez puntos (48-58).

El tiempo de refresco permitió a los locales recapacitar y ver que el triunfo estaba en la defensa porque después de encajar 58 puntos en 20 minutos era difícil pensar en ganar sin apretar atrás. Y así lo hicieron. Un parcial de 21-8 en los cuatro primeros minutos del tercer cuarto, gracias a una gran presión atrás que provocó errores en su rival, cambió la dinámica del juego y le permitió darle la vuelta al marcador y entrar en el último acto por delante (76-72) a los aragoneses. A partir de ahí al equipo andorrano le costó mucho más anotar ante un rival al que desde la defensa le funcionaba el ataque y que supo manejar los tiempos para ganar con comodidad.

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