La lesión de Drummond en su debut dio a Marc de nuevo la titularidad. Los Lakers ganaron, pero el pívot sabe que sale de inicio de forma pasajera.

Los Lakers florecen sin LeBron James y Anthony Davis. Y sin Andre Drummond, que duró 14 minutos en su debut con los de púrpura y oro antes de lesionarse. Del pívot se ha hablado mucho en las últimas fechas, así como de los buyouts y la gestión que hace la NBA con los mismos. Nadie se pone de acuerdo con estas cosas, aunque la llegada del center estaba cantada y con el contrato prorrateado no deja de ser una ganga para los angelinos, que se han llevado a un hombre de 17 puntos y 14 rebotes de promedio por algo más de 700 mil dólares. Su llegada ha perjudicado ligeramente a Marc Gasol, que ha pasado de la alegría al llanto (no de manera literal, evidentemente) y de la titularidad a la suplencia… y ahora, otra vez a la titularidad. Unos cambios, con rumores sobre su papel en el equipo y tímidas habladurías sobre un posible traspaso, que no ha quedado del todo aclarados y que han enfadado en demasía a un jugador veterano que goza con el respeto del mundo baloncestístico y que no está para estas cosas.

¿Si aún quiero seguir aquí? Ya veremos. Las cosas pueden cambiar rápidamente en la NBA”, aseguraba el jugador español en unas crípticas declaraciones en las que ha demostrado su enfado. “Es duro, sé que voy a acabar fuera“, continuaba diciendo el catalán respecto a su vuelta a la titularidad, algo momentáneo mientras que se recupera un Drummond al que Frank Vogel ha señalado como el primer pívot del equipo. El entrenador, inteligente y sabedor de que hay que gestionar egos y tener una buena dinámica con los veteranos a estas alturas de la temporada, ha querido mimar en los últimos días a su jugador, ignorando las filtraciones en el entorno de los angelinos de que se esperaba más del pívot. Vogel ha asegurado que “aman” a Marc en las últimas fechas, y tras el partido ante los Kings ha dicho que “nos ayudará a ganar el anillo.

Marc hizo un poco de todo ante los Kings, donde se redimió ligeramente de as últimas semanas, coronavirus incluido. Se fue a 5 puntos, 9 rebotes y 6 asistencias, disputó 28 minutos y los Lakers acabaron con un +20 con él en pista. Ayudó en defensa, donde es mejor que Drummond, y en la circulación de balón angelina, una faceta de su juego ligeramente infravalorada y que el catalán favorece mucho más que su competidor en el puesto. Aunque, simplemente, se podría decir que Marc es mejor que Drummond; las circunstancias, el paso del tiempo y el estilo de juego de los Lakers favorecen a su reciente fichaje, pero no hay color entre la carrera del español, una leyenda de la mejor Liga del mundo, una institución en los Grizzlies y campeón de la NBA en 2019 con los Raptors, y la del estadounidense, un mago de las estadísticas y del rebote que postea, pasa y defiende peor que Marc, además de no ser capaz de adaptar sus increíbles números al juego del equipo. Y ojo, su talento es innegable y a la vera de Vogel, un gran entrenador de pívots (Hibert, Howard…) puede desarrollar su capacidad defensiva y ser muy útil. Pero en la comparación con Marc, sigue perdiendo. Él y muchos otros.

Los Lakers, disparados en el triple

A todo esto, los Lakers ganaron un importantísimo partido a los Kings. En caso de perder, habrían caído al sexto lugar, pero sin LeBron ni Davis estas victorias son clave. Kyle Kuzma cuajó una actuación formidable (30 puntos, con 11 de 18 en tiros de campo), Markieff se fue a 14 puntos, Caldwell-Pope consiguió 13+10, Schröder hizo un poco de todo (17+4+8), Harrell ayudó en el rebote desde el banquillo y Talen Horton-Tucker ha vuelto a recuperar el toque de muñeca y se fue a 15 tantos. Los Lakers metieron los tiros liberados, algo esencial para ellos (van 13-3 cuando anotan más del 40% en triples, una variante en la que se fueron al 23-1 el curso pasado, incluyendo los playoffs) y no se desaniman en defensa cuando están bien en ataque (17 de 33 en triples, por cierto). Y los Kings, nada: 26 puntos de Harrison Barnes y otra derrota que no les mata porque nadie muere del todo con el play-in pululando por ahí. Cosas de la NBA, un mundo en el que, como dice Marc Gasol, todo puede cambiar rápidamente. Y él lo sabe mejor que nadie.

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