El base cuajó una actuación sensacional y acabón con la racha que Boston llevaba desde antes del All Star. Los Nets, sin Durant, a un paso de liderar el Este.

Los Nets vuelven del All Star igual que se fueron: venciendo y convenciendo, apabullando a rivales de altura y a los que no lo son, con un Kyrie en estado de gracia y una plantilla con cada vez más nombres pero un mismo resultado, el de ganar. Los neoyorquinos, tras imponerse a Boston, suman tres victorias consecutivas y 11 en los últimos 12 partidos, lo que les mantiene a tan solo medio encuentro del primer puesto que siguen, de momento, ocupando los Sixers en lo más alto de la Conferencia Este. Nadie puede con ellos: ni lo hicieron, en esa espectacular racha, equipos de la talla de Lakers o Clippers ni lo han conseguido ahora unos Celtics que estaban en vías de recuperación y sumaban cuatro victorias consecutivas antes del parón. Ni unos ni otros parecen capaces de frenar a un equipo que oposita para el anillo, su mayor objetivo, uno que gente como James Harden o Steve Nash (y Mike D’Antoni, Amar’E Stoudemire…) llevan buscando durante mucho tiempo y que ya tienen Kyrie y el eterno ausente, Kevin Durant. Cuando el alero vuelva veremos el verdadero potencial de esta entidad, pero, de momento, da la sensación de que el talento prima. Y eso en playoffs, recordamos, acaba siendo diferencial.

El partido no estuvo, precisamente, carente de interés. Marcus Smart volvía a una pista de baloncesto por primera vez desde el 30 de enero y los verdes llegaban con un merecidísimo descanso, el del All Star, con Jayson Tatum recuperado de los efectos secundarios del coronavirus y Jaylen Brown en sintonía con su compañero y sin tener que soportar todo el peso ofensivo sobre sus musculosos hombros. También Kemba Walker había mejorado sus series de tiro, que habían empezado a ser un auténtico problema en una racha, la de los Celtics, que les había llevado hace no mucho a ocupar el noveno puesto del Este con un preocupante récord de 15-17. Una racha de cuatro victorias antes del parón (Pacers, Wizards, Clippers y Raptors) daba alas y esperanzas, así como los rumores que indicaban que Dannny Ainge, por fin, iba a moverse en el mercado y que tenía a Nikola Vucevic en el punto de mira. Veremos cómo acaba eso (seguramente de la misma forma que siempre), pero Boston tenía, al menos, motivos para la esperanza.

Tenía y tiene, ya que sin conclusiones precipitadas siguen cuartos del Este y con la misma plantilla que a inicios de curso, cuando (recordemos) se les consideraba aspirantes. Un gran primer cuarto daba una ventaja inicial a los Celtics que remontarían después sus rivales. El acierto inicial de jugadores como Kemba Walker, con 9 puntos en los primeros 12 minutos, se diluyó después en exceso y solo sumó dos más en los tres periodos siguientes con 1 de 7 en tiros de campo. Kyrie, con 12 puntos sin fallo en el segundo cuarto, daba a los locales una ventaja de tres puntos antes del descanso largo (58-55), con Kevin Durant vestido de calle y Blake Griffin, el flamante fichaje del equipo, sentado en el banquillo junto a él. A esos 12 sumó otro 14 en el tercer periodo, con los Celtics apretando en demasía y colocándose a solo 2 puntos (88-86) antes de afrontar la recta final del choque. Aquí anotó 13 puntos Jayson Tatum, que acabó con 31 y fue el único salvable de su equipo en el tiro: 13 de 22, con 3 de 7 en triples, 5 rebotes y 3 asistencias.

Y en el último cuarto, cómo no, los Nets se pusieron a defender. No es la primera vez que lo hacen, falta por descubrir hasta dónde podrán desarrollar esta parte de su juego cuando Durant regrese y Griffin haga su aparición y en playoffs deberán de ponerla en práctica durante todo el partido y no sólo en una pequeña parte de él. Pero ahí estuvieron, dejando a Boston en 23 míseros tantos, por debajo del 43% en tiros de campo y apenas el 25% en triples, martilleando a sus rivales con los pocos minutos que disputaron Landry Shamet, Tyler Johnson o Nicolas Claxton y con una capacidad para forzar errores que a inicios de temporada parecía una quimera. Kyrie añadió 8 tantos y se fue a los 40, con 15 de 23 en tiros de campo, 5 de 8 en triples y 5 de 5 desde la personal, además de añadir a su estadística 8 rebotes y 3 asistencias. Brooklyn empezó el último cuarto con un parcial de 12-4 que les daba dobles dígitos de ventaja y dominaron el choque desde ahí. Y los Celtics, a remolque, nada pudieron hacer.

Además de Kyrie, que promedia más de 27 puntos por duelo esta temporada y ha sumado su segunda actuación de 40 o más puntos, los Nets tuvieron otros cuatro jugadores por encima de la decena. Esta vez, el revulsivo no fue el playmaker James Harden, que sumó 22+10+8 con una mala serie de tiro (6 de 16). Pero para mala, la de Jaylen Brown, que tuvo un partido para olvidar: 13 tantos con 5 de 23 en tiros de campo y 3 de 12 en triples. Smart volvió protestón y arengando al equipo como solo él sabe hacer, además de aportar en ataque (19 tantos y bien desde el lanzamiento). Pero nadie pudo con unos Nets que siguen postulándose como los principales favoritos para hacerse con un campeonato difícil de predecir (en tiempos de coronavirus, todo lo es) y que tiene muchos matices que analizar. Y entre todos ellos emerge, claro, un equipo formado por estrellas impresionantes que buscan la redención y, a la vez, la reivindicación. El talento gana campeonatos. Ya veremos si el de los Nets certifica esa variante. De momento, 25-13, excelentes sensaciones y a volar.

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