El jugador, con contrato hasta 2024 y una cláusula de salida ascendente (3 millones este verano), necesita llegar a un acuerdo con el club blanco para dar el salto a la NBA.

“Estoy muy contento y agradecido de haber sido drafteado por la NBA. Todo el que me conoce sabe que es un sueño para mí desde pequeño. No he podido dormir mucho porque estaba muy nervioso, pero cuando ha salido mi nombre me he aliviado. Tengo ganas de poder ir allí y darlo todo, como siempre he hecho”, esa fue la primera reacción pública de Usman Garuba (2,03 m y 19 años) cuando conoció que Houston Rockets, la franquicia que lo quería sí o sí, lo había elegido en el puesto 23, y eso pese a que la gran promesa turca, Alperen Sengun, estaba libre cuando el equipo texano pudo hacerse también con él en el número 16 tras recibir la elección de Oklahoma City Thunder (antes, escogió en el número 2 a Jalen Green). El movimiento imprevisto con Sengun, una oportunidad para ellos, no cambió los planes de la franquicia, que mantuvo su apuesta por un Garuba que también deseaba acabar en Houston. Y ahora buscará la forma de dar el salto inmediato a la NBA, su gran anhelo, una decisión tomada incluso antes del sorteo de novatos.

Las quinielas situaban a Garuba algo más arriba del puesto 23, una posición que define un salario para el conjunto de sus dos primeros años en la NBA, los dos garantizados para un debutante, de cuatro millones de dólares brutos en total, que hubieran sido casi un millón más de haber salido, por ejemplo, cinco puestos más arriba, el 18. La ventaja, la fiscalidad del estado de Texas, una de las más beneficiosa, sino la que más, para los jugadores, ya que pueden recibir hasta más del 60% del salario bruto en neto. Ahora, y también es un punto importante, tendrá que ver si la franquicia acepta subirle un 20% el sueldo, el máximo permitido, respecto a la escala salarial fijada, con lo que esos cuatro millones de dólares por dos años se convertirían en 4,8 brutos. Además, la franquicia puede desembolsar hasta 775.000 dólares para ayudar a liberarle de su actual contrato internacional, según el actual convenio colectivo de la Liga.

Las cifras están ahí y hay un hecho indiscutible: si Garuba quiere jugar de inmediato en la NBA, debe pactar su salida con el Real Madrid, con el que tiene contrato en vigor hasta 2024, tres temporadas más, y una cláusula de rescisión de 3 millones de euros ahora, que serían cuatro el próximo verano, el de 2022, y cinco en el de 2023. En junio de 2024 podría desembarcar libremente en la NBA sin pagar indemnización alguna, porque quedaría libre con solo 22 años. Es una opción que barajaría el jugador si no hay un entendimiento con el club blanco, uno que debe pasar a la fuerza por aplazar el pago en varios años, incluso en cinco, como hizo Nikola Mirotic en su día, que se marchó en 2014 y el último abono lo realizó en 2019, justo antes de fichar por el Barça. Otra opción es que se negocian sus derechos futuros en previsión de un regreso del jugador a Europa, algo que el Madrid suele hacer cuando permite el aplazamiento del pago. En cualquier caso, sin negociación y acuerdo con el Madrid, el jugador no podrá jugar de inmediato en Estados Unidos.

El club blanco, por su parte, se había hecho a la idea de que Garuba se marchaba seguro y ha planificado la plantilla sin él. Es más, ya anunció su sustituto con la contratación del ala-pívot francés Guerschon Yabusele, que completará la posición de ala-pívot junto con Trey Thompkins y Anthony Randolph, al que le queda aún un poco para volver a jugar tras romperse el tendón de Aquiles el pasado mes de diciembre. Y cuenta con el canterano Tristan Vukcevic, que será sénior el próximo curso. Por dentro, Edy Tavares y Vincent Poirier. En resumen, de seguir Garuba, habría, en principio, exceso de interiores. El canterano quiere empezar el próximo curso en Houston y cumplir, finalmente, el sueño de la NBA, pero necesita llegar a un acuerdo con el equipo que le ha formado desde 2013. De otra forma, seguirá de blanco.

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