El griego ha pasado en dos años de cuestionado a leyenda tras su actuación en las Finales 2021. Su currículum rivaliza ya con el de Dirk Nowitzki.

En parte, Giannis Antetokounmpo ha sido un gran misterio durante buena parte de su trayectoria NBA. Un proyecto que llegó muy verde (número 15 del draft de 2013), y delgado como un fideo, a Milwaukee Bucks. Que se hizo famoso por lo difícil que era pronunciar (no digamos deletrear) su nombre y que creció a toda velocidad. Todo: su cuerpo y su juego progresaron a un ritmo meteórico mientras empezaba a acumular premios… y desastre en playoffs. De alguna manera, a Giannis se le juzgó con una extrema dureza por la caída de los Bucks antes de la Finales en 2019 (contra los Raptors) y 2020 (contra Miami Heat). Que hubiera sido MVP esas dos temporadas no suavizó las críticas: las acentuó. Los Bucks, favoritos al título, patinaron antes de tiempo y muchos dejaron de creer en un jugador que se obcecaba e los finales de partidos y se enredaba en jugadas confusas mientras las defensas rivales explotaban su falta de tiro exterior.

La realidad, sin embargo, es que Giannis Antetokounmpo estaba madurando, aprendiente, procesando sus errores y trabajando: mejorando. Sus descomunales facultades físicas iban a adquirir una nueva dimensión a medida que mejoraba la lectura de juego, la experiencia y los movimientos de un jugador que no encaja en el molde actual de las estrellas NBA. Familiar, apegados a los suyos, discreto y encantando de comprometerse con el equipo que lo drafteó. Antes de esta temporada, y cuando se barruntaba un cambio de aires hacia un mercado mayor o para formar un superequipo en otra franquicia, firmó una extensión que supuso un récord para la NBA: 5 años más, 228 millones de dólares.

Es más, muchísimo más, de lo que jamás habría soñado un chico nacido en Atenas y de origen nigeriano, criado todavía sin nacionalidad griega y como Yannis Adetokunbo, un apellido que para el pueblo Yoruba significa “la corona ha regresado de más allá de los mares”. Giannis empezó a jugar al baloncesto en 2007, con 13 años. Cuatro después jugaba en la Segunda División griega con el Filathlitikos, y cinco más tarde, al llegar a la mayoría de edad, se comprometió con el CAI Zaragoza, que fichaba a un base de potencial infinito con la idea de disfrutar un poco de él antes de su inevitable salto a la NBA. Pero su lugar en el draft fue más alto de lo previsto, ese viaje a Estados Unidos se retrasó y el Zaragoza nunca tuvo a Giannis en sus filas… pero se llevó algo más de 300.000 euros limpios por el traspaso de sus derechos y después de descontar comisiones para agentes, impuestos y lo que había pagado para sacarlo de Grecia.

Giannis debutó en la NBA el el 30 de octubre de 2013. Anotó 1 punto en menos de cinco minutos, contra los Knicks. Tenía 18 años y 328 días y sus Bucks ganaron 15 partidos en esa primera temporada (15-67) en la que él promedió algo menos de 7 puntos y algo más de 4 rebotes. En su segunda temporada era titular y en la cuarta fue all-star, Jugador Más Mejorado e integrante del Segundo Mejor Quinteto. En la sexta fue MVP y entró en el Mejor Quinteto, en la séptima MVP y Defensor del Año y en la octava campeón y MVP de las Finales. Y ya, seguramente, el mejor jugador europeo de la historia de la NBA. Si nos referimos, al menos, a la mejor carrera de un europeo en la NBA.

Por increíble que suene, Giannis Antetokounmpo ha pasado en dos años de las críticas por las eliminaciones en playoffs y las limitaciones de su juego a convertirse en uno de los iconos de la NBA tras firmar unas Finales para el recuerdo. Unas en las que no le han faltado además momentos icónicos: el tapón a Ayton en el cuarto partido, el alley-oop con Jrue Holiday en el quinto y, claro, sus 50 puntos, 14 rebotes y 5 tapones en el sexto y definitivo, una obra maestra para asegurar el primer título de los Bucks en 50 años. A su energía física y sus facultades incomparables había sumado un liderazgo maduro e indestructible, una actitud ganadora inquebrantable y un nuevo conocimiento del juego que minimizó sus defectos y maximizó sus virtudes, defendiendo por toda la pista y atacando cada vez más cerca del aro. De su nueva robustez mental dieron los tiros libres del sexto partido, un 17/19 en una distancia que normalmente era una pesadilla para él. Tras soportar burlas de aficiones rivales y nervios de la propia, cargó con ello sin que le afectara en su juego y acabó metiéndolos cuando había que meterlos.

Ha sido MVP unánime de las Finales con unas medias increíbles: 35,2 puntos, 13,2 rebotes, 5 asistencias, 1,8 tapones y un 61,8% en tiros. Nadie había firmado un 30+10+5+60% en la pelea por el título. Nadie había ganado en su carrera los premios de MVP de fase regular (tiene dos), MVP de Finales (empiezan a darse en 1983), Defensor del Año y Jugador Más Mejorado. Y solo Michael Jordan y Hakeem Olajuwon tenían, hasta ahora, los tres primeros. Es solo el séptimo, en 75 años de NBA, que llega a 50 puntos en un partido de las Finales, algo que desde Michael Jordan en 1993 solo había hecho LeBron James (2018). También es el primero con un partido de 50+10 y 5 tapones en cualquier parte de los playoffs desde 1973 (cuando se empiezan a registrar los tapones) y el primero por encima de 40+10+5 desde Shaquille O’Neal en 2001. Y el primero desde Shaq (en 2000) con tres partidos de 40 puntos y 10 rebotes en la misma Final, una en la que ha hecho dos cuartos distintos de al menos 20 puntos. El último en hacerlo, y solo una vez, fue Michael Jordan, en 1993… y también contra Phoenix Suns.

Giannis ha sido cinco años seguidos all-star (2017-21), ha entrado tres veces en el Mejor Quinteto y dos en el Segundo. Tres en el Mejor Defensivo y una en el Segundo. Y tiene, se supone, los mejores años de baloncesto todavía por delante. En una época en la que los jugadores cambian de equipos constantemente y las fidelidades no tienen memoria, Giannis hace carrera en unos Bucks que han crecido de su mano: de 15 victorias (15-67) a ganar el anillo después de un trienio saldado con un 71% de partidos ganados en regular season y en el que él ha promediado 28,4 puntos, 12,3 rebotes y 5,8 asistencias. La temporada 2019-20 la cerró con el mejor PER (el rating de eficiencia que usa ESPN) de la historia. E hizo doblete de MVP y Defensor del Año. Eso, en la misma temporada, solo lo habían hecho Michael Jordan y Hakeem Olajuwon. Y en temporadas diferentes solo hay que añadir dos nombres más: Kevin Garnett Y David Robinson. En toda la historia de la NBA.

Los que descontaron a Giannis Antetokounmpo como baza ideal para llevar a un equipo hacia al título olvidaron su edad, el arco de su crecimiento, lo que podría acabar haciendo con esas facultades. Tenía, en definitiva, 25 años la última vez que perdió una eliminatoria de playoffs. Con 26 es campeón. Y la historia de la NBA demuestra, si se echa un vistazo, que normalmente se tarda más en ganar como referente de un equipo. LeBron James ganó su primer anillo con 27 años. Michael Jordan, con 28.

Desde el merger ABA-NBA (la fusión de las dos Ligas que abrió la edad moderna de la NBA), lo explicó el periodista Micah Adams, apenas es posible encontrar jugadores que hayan sido claramente el mejor en pista y el líder en el vestuario de sus equipos y hayan ganado el título así… y con menos de 26 años. Aparecen el Bill Walton de 1977 (24 años), el Larry Bird de 1981 (24), el Magic Johnson de 1985 (25), el Tim Duncan de 1999 (23) y el Dwyane Wade de 2006 (24). No se trata de que fueran o no el MVP de las Finales, sino de que funcionaran como el claro jugador franquicia, el referente del equipo y la organización. Además, si se rasca un poco más, Duncan tenía a David Robinson, Magic a Kareem, Bird a Kevin McHale y Robert Parish, Wade a Shaquille… el Bill Walton de 1977, si se atiende a edad, compañía y resultado, es lo más parecido que se puede encontrar en la NBA moderna a Antetokounmpo, cuyos logros en estos Playoffs 2021 son, sencillamente, históricos.

Así que, ¿es ya el mejor jugador europeo en la NBA? La realidad es que sus méritos y su currículum le sitúan ahí. Hasta ahora el patrón oro, el ideal, era Dirk Nowitzki, y también sería justo afirmar que lo sigue siendo. El alemán era hasta ahora el único con el doblete MVP y MVP de Finales (su único anillo). Y además ha sido catorce veces all-star y es el sexto máximo anotador de la historia de la Liga después de 21 años en Dallas Mavericks, un récord absoluto con la misma camiseta y un gigante histórico más allá de nacionalidades y continentes. Pero lo cierto es que Giannis tiene ya dos MVP de Regular Season, uno de Finales en su (por ahora) único título y hasta uno del MVP (2021). Y ha sido all star cinco veces a los 26 años, edad a la que Nowitzki sumaba cuatro nominaciones.

Por detrás de Nowitzki se suele situar a Tony Parker y Pau Gasol. El base francés, una leyenda de los Spurs, fue cuatro veces campeón y ganó un MVP de Finales, el primer europeo en conseguirlo (2007). También fue seis veces all-star. Y Pau dejó la NBA con dos anillos y seis all-star. Ahora llegan otros: por detrás asoman Nikola Jokic, el último MVP y ya tres veces all-star, o un Luka Doncic con dos all-star y pinta de acabar con un currículum legendario. Pero ninguna acapara tanto como Giannis, y menos en tan poco tiempo y con una demostración tan grande como la del griego en estas Finales de 2021. Otra vez, habría que ir a Nowitzki y su exhibición contra los Heat de LeBron James en 2011. La cuestión es que Giannis ha pasado en un año de cuestionado (al menos como superestrella y ganador) a leyenda, ha hecho cosas inolvidables en estos playoffs y ha abierto un camino que veremos hasta dónde llega. Porque le quedan todavía muchos, muchos años de baloncesto.

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