Sin acaparar titulares ni hacer ruido, Valanciunas está firmando una excelente temporada en los Grizzlies. Impone su estilo de vieja escuela.

Nadie habla de Jonas Valanciunas esta temporada. Y sería recurrente escribir aquello de que cuesta imaginar por qué. Pero no es verdad: no cuesta nada ver por qué el pívot lituano arrasa en la ecuación rendimiento/atención. Muy fácil, más si atendemos a la dinámica actual de la NBA:

¿juega en un mercado pequeño y en un equipo que se escapa a quien no está en los círculos más profundos del League Pass? Sí.

¿Acapara highlights y récords de esos de una noche que tanto lucen ahora? A durísimas penas.

¿Es un pívot moderno que tira por fuera, dirige contraataques y genera juego para todo su equipo? No, está muy lejos de ese perfil.

Y hay más: Jonas Valanciunas quedó, parecía, en ese perfil de jugador que no ha sido una gran decepción ni una gran estrella en la NBA. Seguramente por debajo de lo esperado (desde luego en Toronto Raptors) para un número 5 del draft (2011). En nueve años de carrera NBA (2012-21) no ha sido all star, ha sido más un jugador de andamio y sudor que de magia y confeti y ha estado en el lado que se olvida de la historia. Camino del título de 2019, los Raptors lo enviaron a Memphis (lesionado desde diciembre) en febrero para (soltando más fondo de armario: CJ Miles y Delon Wright) hacerse con Marc Gasol. El mensaje era que el español suponía (lo fue) una pieza esencial para rematar a un bloque que crecía como aspirante. Y Valanciunas, no. Memphis Grizzlies, que entraba en reconstrucción tras la bonanza del grit and grind, sonaba a destierro. Al menos, a un paso intermedio demasiado templado y que rebajaba las expectativas para la segunda parte de la carrera de un Valanciunas cuyo juego parecía demasiado mecánico, productivo pero aparatoso en esta NBA de posiciones líquidas, generación de espacios y percusión exterior.

Por destino, mensaje del traspaso y deriva de la Liga, Valanciunas parecía descartado como jugador de elite. Pero los Grizzlies, en el verano de 2019, agradecieron su presencia estabilizadora (en un equipo joven y en reconstrucción: volátil) con un contrato de tres años y 45 millones que siguió al de 64×4, la extensión que firmó con los Raptors en 2015. Otros tiempos. Valanciunas llegó a la NBA con 20 años, así que tiene todavía 28. Y en Memphis ha encontrado el punto de apoyo perfecto para transformar esta etapa de su carrera, que puede acabar siendo más de lo que prometía. Un impulso, un lugar en el que ser importante. A veces es así de sencillo. O así de complicado.

Rebotes, bloqueos y empujones en las zonas

Duro como una roca con sus 213 centímetros y sus 120 kilos de baloncesto old school, Valanciunas parece en pista, por puro físico, el ancla, el pilar de estos Grizzlies que tratan de sacar algo muy bueno de un brillante puñado de mimbres. Y lo es. De hecho, en el excelente rendimiento de la franquicia de Tennessee, donde trabaja con poco ruido y un resultado brillante el entrenador Taylor Jenkins, tiene muchísimo que ver el pívot lituano. Los Grizzlies están 27-25, han ganado cinco de sus últimos siete partidos y son octavos del Oeste. Van camino de repetir en el play in, como la pasada temporada, y compiten aunque el fin de su era dorada (cerrada definitivamente con la salida de Mike Conley, el último guerrero) sugería un paso por las cloacas de la Liga. Es un +2 sobre el 50% de victorias pese a que no ha jugado en toda la temporada Jaren Jackson Jr, uno de los esenciales en la nueva forma del equipo. Se supone. Y a que de 52 partidos, De’Anthony Melton (otro infravalorado) se ha perdido 17, Grayson Allen 13, Brandon Clarke 8, Ja Morant otros 8… y Justise Winslow 36. Y los que ha jugado este último ha enseñado muy poco del prometedor alero que mimaban los Heat. Winslow depende de una player option de 13 millones para seguir en Memphis, y por ahora no ha dado muchos motivos para que los Grizzlies inviertan en él.

Si todo va bien, Morant será el jugador franquicia, Jaren Jackson el escudero y ahí están los Brooks, Anderson, Clarke y la nueva camada, que promete: Desmond Bane y Xavier Tillman, dos rookies que están dejando suficientes promesas como para confiar en ellos. Pero, siendo todo esto así, es legítimo plantear si Valanciunas no está siendo el mejor jugador del equipo en esta temporada. Sí, aunque suene a herejía: mejor que Ja Morant. No en sus picos, en los que el base es deslumbrante, sino en su rendimiento sostenido. El debate es, al menos legítimo, para cualquiera que esté viendo jugar al equipo con cierta regularidad. Especialmente en las últimas semanas, en las que Morant (recordemos: 21 años) ha estado menos estable y Valanciunas se ha erigido como un sostén colosal. Morant, insisto, es más allá de eso el gran talento del equipo y el jugador del que depende ahora mismo el futuro de la franquicia.

En la temporada, Valanciunas promedia 17 puntos y 12,7 rebotes. Es de largo el mejor reboteador de un equipo que ha tenido problemas por ahí cuando no ha estado Clarke. Y se ha convertido en un segundo anotador de guardia, dadas las rachas de frío y calor de Dillon Brooks. Digamos que aunque el alero es más capaz de meter 30 puntos, también lo es de quedarse en 10. Valanciunas se mueve entre los 15 y los 25 con más sostenibilidad, acaba de batir el récord de dobles-dobles seguidos de los Grizzlies (15, uno más que el recordado Zach Randolph) y promedia en abril 16,5 puntos y 15 rebotes con una eficiencia exquisita: 55,6% en tiros de campo, 75% en tiros libres. Hace pocas faltas, pierde pocos balones y mete algún triple ocasional. Y esos son sus últimos tres partidos: 26 puntos y 4 rebotes con un 80% en tiros, 34+22 con un 64% y 20+14 con un 73%.

En una NBA en la que los nueve máximos reboteadores son nacidos fuera de EE UU, Valanciunas es tercero por detrás de Capela (14,1) y Gobert (13,4), y por Delante de Kanter, Sabonis, Vucecic, Jokic, Ayton, Giannis… es tercero también en capturas en ataque (4,1), casi en los números del líder Capela (4,7). Y es noveno, en otras cifras que no van en las estadísticas básicas, en puntos generados por sus bloqueos y segundo en box out, acciones en las que cuerpea al rival para asegurar el rebote de su equipo. Y tiene un contrato ahora mismo perfectamente manejable para su rendimiento: 15 millones esta temporada, 14 la próxima. En el verano de 2022 volverá a ser agente libre.

Valanciunas seguramente no va a ser all star ya a estas alturas. No va a convertirse en un pívot triplista y creador de juego y si acaba jugando por un anillo no lo hará como estrella, como esencial en cancha y con un contratazo. Todo eso pasó para él. Pero se ha convertido en un modelo de juego duro (en el mejor sentido), profesionalidad y estabilidad como pívot de vieja escuela, de clase obrera. Seguramente eso no dé para ganarse unos cuantos titulares, no en estos Grizzlies de la perdida Tennessee, pero tampoco es justo que se pase por alto su brillante temporada y su capacidad para ser importante como gigante a contracorriente de los tiempos. Su rendimiento ahora, en realidad desde que llegó a Memphis apeado del proyecto ganador de los Raptors, tiene mucho mérito. Por actitud y por juego.

 

 

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