Desastre de unos Lakers horribles. Los Kings, sin Fox, remontan al final a un rival incapaz, obsesionado con hacer funcionar a Drummond.

Regresó LeBron James después de la ausencia más larga de su carrera (20 partidos) y lo hizo casi por sorpresa. Durante la tarde del viernes pasó de estar disponible a ser titular cuando parecía que su vuelta hasta todavía a unos días vista. Un empujón aparentemente definitivo para el campeón, que recuperó a Anthony Davis y tiene apenas tres semanas para coger forma y ritmo de cara a la defensa de la corona, en los playoffs. Pues bien, el regreso de LeBron y un partido a priori dócil (el Staples, los Kings enfrente) acabó en ridículo. En desastre, tragedia, acumulación de síntomas nocivos. Los Kings, que siguen sin su mejor jugador (De’Aaron Fox) se dieron un gusto contra unos Lakers patéticos, horribles. Un equipo ahora mismo a años luz de cualquier atisbo de pensar (ni soñar siquiera) con repetir título. Quizá ni con defender su corona con un viaje largo en las eliminatorias.

Ahora mismo es un concepto clave, en todo caso: LeBron pareció perfectamente recuperado del tobillo (movilidad notable, una de las pocas buenas noticias de una noche dantesca) y con él y Davis a toda máquina, lo Lakers pueden cambiar de ritmo en cualquier momento. Eso es obvio. Y bien cierto es, también, que el equipo angelino jugó a un nivel pésimo en la burbuja, en el reestreno de la temporada, antes de transformarse en una apisonadora en playoffs. ¿Merece el beneficio de la duda? Está claro que sí. Pero lleva cinco derrotas en seis partidos (36-27) y aunque sigue quinto del Oeste ya tiene encima a los Mavs (a medio partido) y a los Blazers (a uno). Con un calendario serio por delante, el trago del play in es una posibilidad muy real. Entre otras cosas, porque desde que Davis dijo que los partidos eran “de ganar o ganar” (más o menos), los Lakers han superado sin alardes a los depauperados Magic y se han estrellado contra Wizards y unos Kings que quedan en 26-37, demasiado lejos del play in.

No tiene explicación que un equipo que busca victorias para evitar caer al séptimo puesto sea incapaz de ganar en casa a unos Kings sin Fox. Y más después de arreglar un bochorno inicial y verse 88-78 al final del tercer cuarto y 94-83 a 10 minuto del final. Desde ahí, y contra una defensa históricamente mala, los Lakers solo anotaron 10 puntos… y gracias. Acabaron en manos de LeBron, que perdió la última bala con un triple que se vio que no entraba desde que salió de sus manos (con 106-108). Primero, respeto máximo al trabajo de unos Kings que aprovecharon su oportunidad con el trabajo de Richaun Holmes, Terence Davis y Delon Wright y el brillo del fantástico rookie Tyrese Haliburton: 23 puntos y 10 asistencias para un jugador que parece cualquier cosa menos un novato. Una excelente adquisición en el último draft, algo en lo que los Kings no son precisamente especialistas.

Vogel, obsesionado con su nuevo plan

Los Lakers, mientras, están en un laberinto. Es cierto que merecen partidos y margen, tras semanas y semanas sin LeBron (16 puntos, 8 rebotes, 7 asistencias) y un Davis que fue a más y acabó con 22 puntos, 11 rebotes y 5 tapones. Poco a poco acercándose a su nivel tras una peligrosa lesión cerca del tendón de Aquiles. Pero, más allá, la cuestión es que estos Lakers están perdiendo rasgos de identidad del estilo que les hizo campeones en la burbuja de Florida. Y que Frank Vogel (un excelente entrenador, es obvio) se ha empeñado en que salga adelante un plan de juego que pasa por tener a Dennis Schroder y Andre Drummond en el quinteto titular… y en los minutos calientes en pista. Y eso, por ahora, no funciona.

Schroder sería un excelente jugador de segunda unidad, un revulsivo con muchos puntos para jugar con Harrell, por ejemplo, cuando descansara LeBron. Y ha jugado bien en ausencia del 23. Pero los dos juntos tienen problemas para crear, metidos en un embudo que se forma por la ausencia de tiro exterior. Desubicado, el base alemán acabó con 8 puntos, 7 asistencias… pero 5 pérdidas (muchas groseras) y un 0/5 en triples que se unió al 0/5 de Kentavious Caldwell-Pope y al 2/9 que sumaron LeBron (incluido el que podría haber volteado el marcador) y Davis. Los Lakers sumaron 21 pérdidas (otro problema recurrente), seis decisivas en el último cuarto contra un rival cuya defensa es cualquier cosa menos amenazante. Y metieron solo 7 triples (7/28). Y eso contando con que Ben McLemore anotó los tres primeros que lanzó y cuatro en total (4/7). El resto del equipo… 3/21. Son matemáticas.

El tiro exterior (o su ausencia más absoluta) será un tema recurrente en el futuro inmediato de los Lakers. Pero quizá parece un problema mayor el encaje de Andre Drummond, que acabó con 17 puntos y 7 rebotes que maquillan una actuación infame. Los Lakers 2019-20 tenían dos pívots (JaVale McGee y Dwight Howard) que jugaban en vertical, con intimidación y energía en defensa y alley oops y finalizaciones sencillas en ataque. Drummond no tiene nada de eso, ni es fuerte debajo del aro atrás, ni explosivo en ningún lado de la cancha. Acaba mal acciones sencillas y se enreda en jugadas al poste de baja eficiencia, con sus movimientos patosos y su obsesión por producir que produce un agujero negro. Los Lakers, seguramente intentando que funcione ese plan, pasaron demasiado tiempo alimentando al pívot, que además le quitó minutos a Harrell y Marc Gasol. Los dos estuvieron mejor. Harrell poco brillante pero trabajador en ataque y Marc notable en los dos lados de la pista. Su entrada coincidió con la reacción de unos Lakers que llegaron a perder 15-30 en un horrendo primer cuarto. Metió 5 puntos, cogió rebotes, defendió la zona, movió el ataque… y se fue para no jugar en el peor tramo del equipo en el último. Ni siquiera a pesar de su +12 en poco más de ocho minutos. Difícil de entender en un partido como este.

Tampoco jugó apenas en la segunda parte Horton-Tucker, que había sido otro de los artífices de la reacción en el primer tiempo. Otra vez, parece que Vogel quiere que funcione el equipo de una manera que acaba separándose mucho de esa versión con LeBron de base y dos jugadores abiertos (Green y KCP) de la temporada pasada. Hasta Davis parece incómodo con Drummond cerca. Y a LeBron le cuesta más encontrar espacios, con la zona cargada de personal y la defensa cerrada ante la falta de amenaza exterior.

Y, con todo, un buen tramo de segundo cuarto y un correcto tercero pusieron a los Lakers con el citado 94-83. Siguieron más de cinco minutos con solo 2 puntos y un parcial ridículo (2-14) contra uno de los peores equipos de la NBA. Hay tiempo, pero es difícil confiar en esta apuesta de Vogel, que tiene que enseñar a Drummond, por la vía rápida, a ser un tipo de jugador que nunca ha sido en la NBA. Si lo consigue, partidos como este y crónica como esta quedarán en el olvido. Si no, volveremos a repasar esta tonelada de malas sensaciones: ya entonces se veía que…

 

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