Espantadas, lesiones, contagiados… El Real Madrid ha tenido mala suerte, sí. Pero la suerte, buena o mala, hay que trabajarla.

El Real Madrid no ha ganado ni la Liga, ni la Copa, ni la Euroliga, por primera vez en la era de Pablo Laso. Sí conquistó la Supercopa, nueve meses atrás, cuando la temporada arrancaba en el lejano septiembre y el Barça, todo hay que decirlo, aún estaba carente de ritmo. Aquella foto de campeones ha lucido en el vestuario blanco con los jugadores que iban causando baja tachados, según reveló Laso en una rueda de prensa. Una broma que demuestra la dura realidad a la que se ha enfrentado el Madrid durante toda la campaña, con una penosa secuencia de espantadas y lesiones. Desde dentro de la plantilla no se ha buscado como excusa, pero alrededor siempre flotaba la mala suerte como un argumento que explicaba la situación, justificaba el rendimiento e incluso enaltecía el esfuerzo.

Una vez acabada la temporada, hay que pararse con espíritu crítico para analizar si esos sucesos han sido sólo golpes de mala fortuna, o detrás también ha habido una mala gestión, directiva o técnica, o ambas cosas. Por partes. La marcha de Campazzo a la NBA se conocía desde el verano, de hecho fue una razón para que Laprovittola se quedara en casa, pero no se activó ningún plan B, más allá del intento improvisado del fichaje de Heurtel. El caso de Deck también se veía venir, porque su renovación estaba congelada y su salario era de los más bajos de la plantilla. Luego está la epidemia de lesiones, inevitablemente relacionada con la elevada veteranía del grupo. Durante parte de la campaña, el momento dulce de Tavares sostuvo al equipo, pero la sobrecarga de minutos también acabó en lesión, porque el relevo de Poirier llegó tarde. Por último, están los contagios con COVID, en teoría un problema de responsabilidad individual, que también cuestionan la burbuja interna. El Madrid ha tenido mala suerte, sí. Pero la suerte, buena o mala, hay que trabajarla.

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