Los blancos caen en Kaunas ante el colista de la Euroliga por 21 (68-47) después de anotar apenas 18 puntos en la segunda parte y fallar 14 de sus 15 triples.

El Madrid cayó a plomo en Kaunas, sumido en una profunda depresión ofensiva que enlaza la final de Copa (59-64 ante el Barça) con las dos derrotas previas de hace dos semanas en la Euroliga: de nuevo frente el Barcelona (68-86) y el Fenerbahçe (66-51 con 17 puntos al descanso). Esta vez todavía resultó peor. Si decimos que tocó fondo, siempre hay riesgo de equivocarse, pero es muy difícil imaginarse una actuación más inoperante. El colista de la competición sacó del campo al Madrid (68-47) para sumar su quinto triunfo del curso (y 19 derrotas). Es cierto que venía de vencer en Mónaco (82-83), aunque antes había encadenado una racha de nueve traspiés. Los 47 tantos merengues (con los siguientes parciales: 11+18+8+10, es decir, 18 en la segunda parte) suponen la tercera anotación más baja de siempre de los blancos en la historia de la Copa de Europa, desde 1958, la más bajas en tiempos modernos, por supuesto, incluida toda la Euroliga.

En el Zalgiris, gran demarraje final de Ulanovas con dos triples (4 de 20 los locales) y 15 puntos, más Lekavicius, Lauvergne y Nebo en otros 10 cada uno. Mientras, en el Madrid, agárrense, 1 de 15 de tres (6%). Solo sumaban Tavares (12 y 12 rebotes) y Poirier (10) bajo el aro y poco. Williams-Goss, titular, simbolizó el naufragio, aunque fuera generalizado. Zozobra de los exteriores en pleno (el menos malo, Llull) y de los ala-pívots, con una imagen flojísima de Yabusele. “¿Seguimos en depresión? ¿Queréis jugar, sí o no?”, había preguntado Laso en un tiempo muerto. A la primera pregunta, la respuesta es sí, queda claro.

Es más fácil recuperara el acierto, que el físico, pero no lo vimos en Kaunas. Los problemas ofensivos del Madrid se agravaron en el primer partido tras la Copa, y más después de la baja de última hora de Heurtel, que sigue arrastrando molestias en la rodilla izquierda, las mismas por las que no jugó en la cancha del Fenerbahçe hace dos semanas. Faltaron él, Causeur y Rudy. Y Alocén, claro. Así que titularidad para Williams-Goss y luego Llull en la rotación en el puesto de base acompañados en el quinteto por compañeros con poca amenaza de tres. El único, Thompkins, que firmó una diana antes del descanso y ya. No habría más de nadie. El Zalgiris iba en 1 de 10, pero los de Zdovc corrieron más (9 pérdidas blancas entonces), atraparon más rebotes ofensivos y anotaron canastas más fáciles, además de forzar más faltas. Al intermedio, 38-29, otro de esos marcadores de balonmano.

La entrada de Lekavicius había dado una energía a los locales de la que el rival carecía por completo en un escenario de defensas cada vez más cerradas con los interiores por la falta de puntería exterior. En el Madrid, apenas un par de combinaciones en el bloqueo y continuación con Tavares y Poirier y un par de penetraciones de Llull.

En la reanudación aumentó el peso de Tavares, parecía mejorar la defensa y continuó el desacierto en el lanzamiento hasta el 1 de 10 con Hanga golpeando una silla del banquillo tras el último fallo. La entrada de Goss empeoró la situación aún más. O Tavares sumaba tras rebote de ataque o no había ninguna otra vía. Nada ni nadie más. Lo nunca visto en la última década. Al último cuarto se entró con 49-37, un +12 para el Zalgiris tras un tercer periodo sonrojante: 11-8.

Entre el 43-37 del minuto 27 y el 58-39 del 34, un parcial de 15-2 sin Tavares que resolvió el duelo. Laso había intentado un triple poste sin ningún rédito (Yabusele, Thompkins y Poirier) y optó por meter al canterano Juan Núñez. Su equipo añadió hasta cinco errores más en el perímetro, hasta el citado e inaudito 1 de 15. Cuesta abajo en la rodada.

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