El contundente desenlace de la ACB deja esa sensación de cambio de poder. La única incógnita es saber qué pasará con el Real Madrid una vez reconstruido.

El último fichaje del Real Madrid tardó poco en transcender tras su contundente revolcón en la final ACB: el base Nigel Williams-Goss. Era una fórmula rápida de comunicar que seguirá en la pelea, a pesar del batacazo ante el eterno rival: 75-89 y 92-73, para un 2-0 indiscutible, con el odiado Nikola Mirotic como MVP, con 27 puntos y 35 de valoración. Un cierre perfecto para los azulgranas. Una pesadilla para los blancos. El desenlace deja la sensación de que el cambio de ciclo se ha culminado, con Saras Jasikevicius al timón. Para eso se le fichó. Aquella primera derrota en la Supercopa, hace nueve meses, queda muy atrás. Después, el Barça ha conquistado el doblete Liga-Copa, que no completaba desde hace diez años, justo el tiempo que Laso lleva al mando del Madrid. La última Liga fue hace siete. Demasiado tiempo para un club grande, para un presupuesto líder en Europa. Sólo faltó la Euroliga, pero llegó a la final. Es cierto que el Madrid ha sufrido una epidemia de espantadas y lesiones. La principal incógnita para el próximo curso, la única, es precisamente qué pasará con el equipo blanco reconstruido.

La final dejó otro nombre propio, querido por ambas partes, por España en pleno: Pau Gasol. Resulta curioso y paradójico que el presunto cambio de ciclo haya tenido como protagonista a un jugador de 40 años, casi 41, que hace 20 ya levantó esta misma Liga, ante el mismo rival, y con una paliza similar: 3-0. El futuro de Gasol navega en una interrogante que apunta más al último baile que a su continuidad, aunque no hay nada cerrado. Si el título de ACB supone su última presencia en una competición por clubes, lo habrá hecho con 11 puntos, 6 rebotes y 19 de valoración en 20 minutos de juego. Un broche tan ejemplar como su propia carrera, después de una larga y sacrificada recuperación. Si realmente es su adiós, a Gasol le resta una despedida más en los Juegos Olímpicos de Tokio. Esperemos que a su altura.

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