El jugador de los Blazers, cada vez en más quinielas para el MVP, es el jugador con más puntos de la competición en los momentos decisivos.

Y es entonces, en esos cinco minutos finales, cuando todo cambia. El sudor generado por la actividad física se empieza a entremezclar con aquel que procede de los nervios. Todo o nada. Los treinta y siete minutos anteriores convertidos en ruina o en explosión de alegría. Blanco o negro. En este caso, siendo excepción dentro de la regla, no hay grises. O se gana o se pierde. Clutch time, lo llaman. El momento de los dos cincos: cinco o menos minutos de partido (último cuarto o prórroga) y diferencia en el marcador igual o inferior a los cincos puntos. Detrás de las pantallas, no apto para cardíacos; dentro de la pista, tampoco para cualquier jugador. Dame Time, lo han rebautizado algunos. El tiempo de Damian, el momento de Lillard. Y con razón. No engaña en la foto. El base de los Blazers, que aterrizó en 2012 en la NBA, se ha posicionado en siete de sus ocho temporadas en la mejor liga del mundo entre los diez jugadores con más puntos en el, cada vez más famoso, periodo decisivo. Junto a él, en cuanto a número de apariciones, James Harden y, por detrás, DeMar DeRozan (5), LeBron James (4), Kevin Durant o Kyrie Irving (3).

Puño izquierdo hacia adelante, con el brazo torcido hacia dentro, y dedo índice de la mano derecha señalando su muñeca. La misma que, en un escueto ejercicio imaginativo, viste un reloj; la misma que, en los momentos decisivos, no suele fallar. La carismática imagen ya se ha convertido en un icono de la NBA más moderna. Todo el mundo la identifica y todo el mundo sabe a qué hace referencia. Rivales incuidos. Trevor Ariza, que llevaba toda la temporada apartado de las pistas por los Thunder, refrescó la memoria prontamente con los Heat. Llillard, que ya acumulaba cuatro puntos en el Clutch, asumía, como suele suceder, la responsabilidad del tiro final con 122 a 122 en el marcador. Un triple, además. En el intento de puntearlo, falta. En la línea de tiros libres, ningún fallo. 7 puntos en los últimos cinco minutos para Damian, 22 en el total y victoria para Portland. Una más en la agonía, que es mucho más primaveral cuando el base de Oakland está en tu equipo. Epopeya a epopeya, ya está en las apuestas de muchos aficionados entre los grandes favoritos al MVP; aún más, tras las lesiones de Joel Embiid o LeBron James, un vacío que duró poco en la orfandad. Sólo el MVP de 1978, Bill Walton (58 de 82, 70,7%), ganó el premio jugando menos del 80% de los partidos. Mucha prisa para el camerunés y el Rey, que ya bregaban junto a Nikola Jokic y, ahora, cada vez con más.

Damian Lillard sentencia los partidos en los últimos minutos, pero los empieza a decidir en los primeros. Actualmente, promedia 30 puntos (su máximo, igualando su marca de la temporada pasada), 7,7 asistencias (su segundo mejor registro) y 4,3 rebotes. Ostenta unos porcentajes del 55,1% en tiros de campo (segundo mejor) y del 37,6% desde la línea de tres. Números temibles que se vuelven aterradores cuando la situación se empieza a calentar: entonces, los porcentajes suben hasta el 56,7% y 45,7%, respectivamente. En el caso de la larga distancia, un incremento en la precisión del 21,5% cuando las leyes del baloncesto dicen que el tembleque aumenta. La explicación que lleva a que, a día de hoy, sea el jugador con más puntos anotados en el Clutch Time, con 133. Por detrás, y muy por detrás, Zach LaVine (116), De’Aron Fox y James Harden (96), Nikola Jokic (94) o Jeremi Grant (83). Casi todos ellos, con más minutos disputados que Lillard. Pero hay más, porque también es el tercer jugador con más asistencias (18), por detrás de Ricky Rubio (22) y James Harden (19) y el segundo con mejor más menos (+81), por detrás de Robert Covington (+90). Un salvavidas que ha permitido a la franquicia de Oregón estar en la sexta posición del Oeste a pesar de unas bajas persistentes a lo largo de toda la temporada.

No perdonó ni en el All Star, con los dos últimos triples del partido, ambos desde esa distancia que replantea el valor otorgado a las jugadas: muestra científica de dos de sus mayores virtudes baloncestíticas. El que le faltaba para poder tener una curiosa triple corona: un tiro ganador tanto en temporada regular como en playoffs y partido de las estrellas. Antes, ya le habían padecido en Chicago. Tres puntos marca de la casa: nacidos del embrollo, con pasito a un lado y prefacio de la locura más alocada. LaVine, su rival directo en cuanto a tantos decisivos, abandonó la pista de inmediato, siendo doblemente derrotado. Curry, Green y compañía fueron sometidos a la misma suerte. 10 puntos en cinco minutos, triple ganador inlcuido. Un vendaval que golpea fuerte, por todos los lados y que, aunque entra dentro de todas las previsiones, no se puede detener. Los más peligrosos. Si se lleva la situación al extremo, este año, en el último minuto, Lillard acumula 17 puntos que hayan significado empate o cambio de líder en el electrónico; una cifra que, en la base de datos de ESPN, no encuentra homólogo. Acotando aún más la ecuación, según el mismo portal estadístico, en el partido ante los Warriors, Damian alcanzó su 29º encuentro con puntos de campo que permitan empatar o voltear un marcador en los últimos 20 segundos de duelo, la mayor marca desde que él está en la NBA.

Un big three que en el clutch aún asusta más

No era ningún secreto que, con los Kyrie Irving, James Harden y Kevin Durant, Brooklyn estaba acumulando una cantidad de talento casi sin precedentes. Paradójicamente, cuanto más se escarba en los números, más se confirma lo cualitativo. El primero es el máximo anotador de la competición de las tres últimas temporadas (2018, 2019 y 2020); el segundo, lo ha sido hasta en cuatro ocasiones (2010, 2011, 2012 y 2014). El tercero, con 28,1 puntos como promedio, está en su temporada más encestadora. Cuchillos constantes que, por si a alguien se le había escapado en las primeras líneas de este artículo, no tienen piedad en el clutch time: desde que Lillard debutara en la NBA, los tres se encuentran entre los seis jugadores que más veces han aparecido en la tabla anotadora con estas circunstancias del juego. Es decir, a día de hoy, partiendo desde 2012, los Nets tienen en su haber el 50% de los seis jugadores con más temporadas entre los máximos anotadores en el clutch. Muchos argumentos para decantar la balanza a tu favor.

Y muchos rivales para Damian, capitán general de una tropa que rejuvenece temporada tras temporada. En su curso de rookie, Luka Doncic ya estuvo entre los diez jugadores con más tantos en los instantes decisivos (120), aunque ya no ha vuelto a aparecer entre las posiciones delanteras de la tabla. Situación similar para su camarada Trae Young, que dicho año se quedó a las puertas del Top (119) y, en el siguiente, entró por la puerta grande, colocándose en quinta posición (125). Líderes desde el primer día. Si se echa la vista atrás, hasta el año que permite la base de datos oficial de la NBA, 1996, nombres como Hakeem Olajuwon, Patrick Ewing, Michael Jordan, Karl Malone, Allen Iverson o Kobe Bryant, el que más veces repite en el podio (7). Mamba mentality. Animales competitivos que se alimentan de atracones decisivos. Todos ellos, con temporadas desorbitadas; pero ninguno, si se ponderan todos los apartados estadísticos, al nivel de la actual temporada de Lillard (5,1 puntos de promedio con porcentajes del 56,7%-45,7%-100%). Dame time, con razón.

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